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Baldo Araya, el periodista que inventó la Carretera Austral

Por Óscar Aleuy / 13 de julio de 2025 | 15:10
Grande, brillante, anticipativo, un gran periodista que se hizo aysenino
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El periodista Baldo Araya Uribe es el único hombre que se atrevió a ir a los poderes centrales de Santiago a dar la cara por Aysén. Lo que a todos les gustaría saber y creo que les encantaría, es qué monos fue a pintar a Santiago en Agosto de 1963.
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Encadenados al recuerdo se encuentran los actos y las circunstancias de un hombre visionario y magistral, humilde regidor entonces y gran historiador después, a quien todos catalogaron como el loco Araya por la tremenda desfachatez de presentar la idea de la Carretera Austral en plenos poderes públicos de la capital de Chile, y lograr abrir las puertas del Ministerio para que lo escuchen atónitos ministros y jefes de servicio. 

Cuando Araya resultó electo regidor, la honorable ciudadana Betty Aguirre de Muñoz lo increpó diciendo que los regidores eran simples agentes que patrocinaban el tapado de hoyos de las calles y que no tenían imaginación. Araya reaccionó frente a este desafío y le respondió con lo primero que se le vino a la mente y que fue exactamente el proyecto de la carretera austral. 

—Voy a iniciar una campaña —comenzó la respuesta del regidor—, tendiente a conquistar para Aysén la prolongación de la Carretera Panamericana. A lo que doña Betty replicó: 

—Bueno, señor regidor, veremos si cumple. Si lo consigue, entonces reconoceré que usted es verdaderamente un funcionario extraordinario. 

El folletito que se hizo sentir

Hasta ahora, ningún personero quería ostentar el grado más alto de la ridiculez al llevar a planos superiores una presentación tan descabellada como ésta. Las reacciones de quienes escuchaban hablar por radio o escribir crónicas locales, era siempre la misma: está perdiendo la razón, el pobre no está sus cabales. Pero Araya logró empinarse por sobre aquellos que se creían infalibles. En uno de los viajes que hizo a Santiago, se quedó cierta vez más de lo previsto, porque se le ocurrió redactar un informe sobre lo que sería la futura carretera. Con algunos fondos propios, logró mimeografiar 250 folletos de un par de hojas que repartió personalmente en la Presidencia de la República, los ministerios, las subsecretarías, las Intendencias del sur, los diarios, las revistas y las radios. De esa forma, un solitario Araya comenzó una campaña propia de un loco. Pero en todas partes le fue bien, ya que el folleto fue difundido y publicado por todos los medios. Al transcurrir el tiempo y cumplida la primera etapa de la estrategia, Araya comenzó a recibir invitaciones de despachos privados, el subsecretario del Interior Patricio Silva, el jefe de programa de la CORFO señor Moreno, el subsecretario de Obras Públicas, el decano de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile y la directiva de la Federación de Estudiantes de Chile, cuando el presidente era Luis Maira. Ahora el loco Araya no estaba solo. Le acompañaba en las gestiones un hombre cabal e inolvidable, Viterbo Apablaza, que en aquellos años era Secretario de Seminarios de la Universidad de Chile, un hombre visionario y romántico, gran amigo y defensor de Aysén, quien guiaría los pasos de Baldo Araya para que la idea de la carretera llegara a ser mucho más que admirada. 

Sin embargo, el propio Araya, hombre de letras, historiador y cronista reconoce que quien le dio mayor apoyo no fue Apablaza sino del Decano de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, un tal Detigny con los estudiantes de la Federación de Estudiantes de Chile, y un combativo Luis Maira que veía con muy buenos ojos el advenimiento de una revolución social en las ideas y en las obras de la provincia más pobre y desconocida de Chile. 

Gustavo López, Mario Guillard,, Baldo Araya, Enrique Noé González y René Haro. Son parte de los primeros periodistas colegiados de Aysén en 1959. (Foto Museo Regional Aysén).

Lo que provocaba el loco Araya

Aunque en una entrevista ofrecida a la prensa local el loco Araya prometía en diez años una sobrepoblación para Aysén de 120 mil habitantes y un viaje a Puerto Montt ida y vuelta por tierra en 15 horas, todavía estamos lejos de aquellas osadas metas. La verdad es que aquello no le correspondía decirlo, simplemente estaba el hecho del poderoso grito de He aquí Aysén, que se escuchó en todos los ámbitos políticos y gubernamentales de Santiago. 

El conocido gestor y diseñador de la plaza de Coyhaique, el socialista Jorge Dowling Desmadril, se lanzaba en picada en contra de Araya, utilizando como tribuna su pasquín Tribuna Popular, en estos términos: don Baldo Bito es muy hábil, nunca se queda en chicas. Ahora tiene un proyectazo, por el cual va a unir nada menos que Llanquihue con Aysén a través de una carretera pavimentada. Esto suena a algo así como a disparate y los técnicos de vialidad deben a esta hora con la cabeza a dos manos porque el proyecto de don Baldo Bito es impracticable, y a ello sumamos el tremendo disparate que anda publicando en Santiago. 

El año 1963 se había comenzado a construir el primer tramo de Puerto Varas a Coyhaique. La revista Rutas del Automóvil Club de Chile, representada por Ramón Fernández Diez, decía que la carretera era un plan ambicioso y necesario para completar la Carretera Longitudinal Austral. Remarcaba su realización y se basaba en el dificultoso hecho de abrir un tajo en la montaña, creando una ruta capaz de llegar hasta Coyhaique en su primera etapa y hasta Punta Arenas en la etapa definitiva. Entonces lo que había comenzado como un desafío personal hacia la observación de doña Betty Aguirre, fue transformándose en una idea con fundamentos. Y doña Betty fue la primera en reconocer la briosa gestión de Araya. Cuando su proyecto estuvo en marcha y el apoyo de diversos estamentos estuvo formalizado, el señor Araya respiró tranquilo y comenzó a entregar declaraciones que dejaban en claro que la idea nunca había sido suya, sino de anteriores administraciones, y que él había actuado sólo como impulsor y motor y que el apodo de loco no le molestaba en absoluto sino que lo enorgullecía, afirmando que la conquista más grande es haber roto una falsa creencia, gracias a lo cual había quedado demostrado que Chile es capaz de hacer cosas grandes y Aysén también, pero sólo cuando las autoridades tiran el carromato para un mismo lado. Araya recibió una pensión de gracia en el Congreso, gestionada por su amigo el senador Antonio Horvath, quien en su juventud había planteado una idea similar.

Su imperecedera obra intelectual

Las obras de don Baldo brillaron con luces propias en su paso por los diarios, periódicos y radioemisoras. Siempre pensé que don loco Araya mereció más que aplausos y genuflexiones, ayudas concretas. Su obra intelectual habló por sí sola. Movió montañas, provocó cambios, reflejó la realidad.

Nadie como él supo atreverse a desafiar los primeros pasos de una carretera austral. So pena de caer en el ridículo, Araya alcanzó a vencer finalmente a los gigantes de viento y arremeter contra la santurrona posición de autoridades estatizadas por el trámite y la ordenanza, que esperaban inútilmente que Santiago se fijara en nosotros. ¡Cómo no rendirle pleitesía a la obra de un soñador, al gran proyecto de un regidor disparatado que fue visionario a carta cabal! 

Los orígenes del viejo Baldo

Baldo se había venido de Quéilen, su ciudad natal. Había nacido enredado en los campos y las selvas voraginosas de Chiloé y le correspondió el servicio militar en Aysén. El año 1946 había viajado hasta Bariloche, donde comenzaba una de las etapas más importantes de su vida, trabajando primero como topógrafo en una empresa argentina. Encontrándose en esos menesteres, de pronto se le ocurrió formar con un grupo de amigos compatriotas chilenos un grupo radial que iniciaba transmisiones en la LU4 de Bariloche. El programa se llamaba Así es Chile, constituyéndose en un espacio pionero de otros que aparecerían después en varios puntos de América. En 1950, Baldo regresa a Balmaceda, anhelante por respirar nuestros aires patagones. No pasa un mes cuando está instalado con una visitada pulpería en El Blanco, a la sazón tan sólo un retén de carabineros donde comienza a conocer las costumbres gauchas de la Patagonia, y a entablar conversaciones con muchos lugareños. Pronto se impregna profundamente de la tradición campera, y al mismo tiempo forma a importantes grupos comunitarios, siendo parte del comité pro-creación del poblado y de la primera escuela básica junto a Eduardo Pradenas. Al regresar a Coyhaique funda la primera Radio Patagonia Chilena de Coyhaique al lado de Luis Ojeda, que lo nombra Director y Jefe de Prensa. Comienza a enlazarse a los fenómenos comunicativos, forma parte de diversos círculos literarios y vecinales, y se integra a afanes organizacionales relacionados con el agro y la política. Pronto se le ve dirigiendo periódicos. Funda La Nueva Provincia, Hacia Adentro, El Aysén, La Prensa. Y en 1964 obtiene el título honorario de Periodista Colegiado en un grupo descollante junto a Valentín Álvarez, el padre Alfonso Massignani y Gustavo López. Posteriormente, antes de sus primeras publicaciones oficiales, asombra a todos con la idea de la futura carretera austral, pensamiento tan descabellado en aquel entonces, que le valió el apodo de loco. En 1970 constituye el grupo de las primeras transmisiones televisivas y es corresponsal de las revistas Zigzag y Ercilla. Es electo Regidor por Coyhaique en el período 1961-1963. Publica obras magníficas: Bodas de Oro de Coyhaique y El Gran Reportaje de Aysén, miles de crónicas en los diarios, artículos en la Revista Trapananda de la cual fue subdirector, cuentos y poemas. 

Quise acercarme a Baldo en estas líneas porque fue un hombre símbolo de los trabajos de recopilación que me enseñó a construir y porque, además, me parece adecuado y justo no despedirme de la región ni de sus autoridades, sino plasmar un adiós en el alma de este ser encantador que sobrevuela todavía todos los rincones de mi infancia patagona.

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Oscar Aleuy, autor de cientos de crónicas, historias, cuentos, novelas  y memoriales de las vecindades de Aysén. Escribe, fabrica y edita sus propios libros en un difícil trabajo. Ha escrito 4 novelas, una colección de 17 cuentos patagones, otra colección de 6 tomos de biografías y sucedidos y 4 tomos de crónicas de la nostalgia, niñez y juventud. A ello se suman dos libros de historia oficial sobre Cisnes en Patagonia,  una colección de 15 revistas de 84 páginas puestas  en edición de libro y el avance de los libros La Última Esquina y “Nibaldo Schwartzman, el último viajero” .
 

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